Para esta semana cambiamos del dulce al salado con una receta clásica que no debe faltar en ninguna cocina.
La tortilla de patatas clásica es una receta sencilla, pero que no todo el mundo sabe hacer. Hace unos años, un amigo vasco me enseñó a hacer la tortilla más rica del mundo, con pequeños trucos que hacen de la tapa española un manjar para lamer la cuchara.
Foto: Anja Franco
¿Qué mejor que una riquísima tortilla como pincho, entrante o parte de una comida? A partir de ahora podrás hacerla en casa y que sepa tan bien como las de los mejores bares y tascas.
Esta receta es para una tortilla pequeña. Para hacerla más grande o más cantidad de tortilla simplemente añadir más ingredientes. Hoy haré la versión con cebolla. También me gusta hacerla con pimiento, pero esto puedes añadirlo o quitarlo según tu gusto.
Para comenzar necesitaremos:
Ingredientes
- 2 Patatas (para freír preferiblemente)
- 2 Huevos
- 1/2 Cebolla
- Aceite de Oliva (dependiendo de cual utilices, ya sea suave o virgen extra, el sabor de la tortilla será más intenso)
- Sal
Utensilios
- Sartén (el tamaño influirá en el tamaño final de la tortilla)
- Cuchillo
- Pelador (es prescindible)
- Plato hondo
- Plato llano / vuelve tortillas (ambas son igual de válidas)
Foto: Anja Franco
Modo de preparación:
Para comenzar, cogemos la cebolla y la cortamos en cuadritos. Ponemos la sartén a calentar con aceite y cuando este ya esté caliente ponemos a pochar la cebolla. La dejamos a fuego medio alto hasta que la cebolla se haya pochado por completo, durante unos 10 minutos aproximadamente y la retiramos del fuego.
Pelamos las patatas con el pelador o cuchillo. Las lavamos bien y comenzamos a cortarlas en trozos pequeños. Para que te quede mucho más jugosa, en vez de cortar la patata, rásgala. Para conseguirlo, con ayuda del cuchillo arranca los trozos más pequeños. De esta forma el aceite penetrará mejor dentro de la patata.
Dejamos que la sartén se caliente bien con abundante aceite y freímos la patata. Dejamos que se haga bien por dentro y fuera hasta que tenga un bonito color dorado. La retiramos del fuego y la escurrimos del aceite.
Las sazonamos al gusto y las mezclamos en un plato hondo con la cebolla pochada y los huevos batidos. Removemos la mezcla hasta que el huevo haya cubierto todas las patatas.
Ponemos la sartén nuevamente a calentar. Si la tortilla nos gusta con el huevo completamente cuajado, tendremos la intensidad a fuego medio-bajo para que así se pueda hacer bien sin que se nos queme por los lados. Por el contrario, si la preferimos más jugosa con el huevo aún sin estar cuajado por completo, pondremos el fuego medio-alto.
Vertemos nuestra mezcla en la sartén con un poco de aceite en el fondo y colocamos las patatas lo más planas e igualadas por toda la sartén. Esperamos a que se cuaje por un lado, pasamos una paleta por los bordes para despegarla y con la ayuda de un plato llano o el vuelve tortillas, lo colocamos encima de la sartén y le damos la vuelta, poniendo la tortilla sobre nuestro plato, con la parte cuajada hacia arriba. Con cuidado dejamos deslizar la tortilla dentro de la sartén, y con ligeros movimientos circulares redondeamos los bordes de la tortilla. Esperamos a que cuaje y tenga un color dorado. Sacamos la tortilla y ¡está lista para disfrutarla!
Foto: Anja Franco
Trucos, consejos y aclaraciones:
Utiliza una sartén antiadherente y con bordes altos. De esta forma la tortilla te quedará más gordita y jugosa, además de ayudarte a a darle la vuelta.
Si una vez que le hayas dado la vuelta no está tan dorada como quieres, siempre puedes esperar y volver a darle la vuelta cuando el otro lado esté cuajado.
Si te gusta el pimiento y quieres añadirlo, mi truco es ponerlo a pochar al principio junto a la cebolla. Utiliza el mismo aceite de la cebolla para freír las patatas, le dará un toque riquísimo.
Añade la sal una vez que hayas sacado las patatas del aceite, justo cuando aun están muy calientes. Con esto conseguirás por una parte que las patatas cojan toda la sal y que esta penetre bien. Por otra parte, al añadir la sal después de freír no ensuciarás el aceite. Al freír patata sola, el aceite queda prácticamente limpio y puedes volver a utilizarlo posteriormente para freír cualquier otra receta.








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